Convierte tu dolor en arte
Normalmente todos somos conscientes de nuestra mortalidad, todos sabemos que no resultamos ser más que vivencias en un libro viejo que después de mucho tiempo nadie leerá y mucho menos recordará. Sin embargo, la otra parte que a veces se olvida de ese pequeño detalle da por sentado muchas cosas; la salida con los amigos, la comida con los padres o el abrazo de los abuelos.
Siempre he pensado en atesorar todo lo anterior, siempre trato de tener a la muerte presente para utilizarla como motor y también como una advertencia de que nunca se sabe cuando será la última vez.
Como muchos sabemos la vida no siempre es de risas, a veces hay lágrimas y justamente hace un año, mi hermana y yo, invadidas por estas últimas íbamos camino al trabajo de mi mamá con una de las noticias más dolorosas que he dado y que ella ha recibido.
"Convierte tu dolor en arte", esa frase siempre me ha encantado y nunca supe donde la vi o siquiera quien la dijo, pero la cosa es que siempre he pensado que soy muy buena escribiendo, la pintura nunca se me ha dado, así que escribir es mi pedacito de arte que le aporto al mundo y justo hoy, estás palabras son mi forma de convertir mi dolor en arte.
Cuando llegamos a Barranquilla después de 12 años todos fueron muy lindos con nosotras, se sentía el cariño y como ese hueco que existió por tanto tiempo se llenó, así fuera por unos pocos días. Puedo recordar muchas cosas de esa visita, pero lastimosamente las memorias que tengo de Papitavo, mi abuelo, son muy contadas; aunque aclaro, que sean pocas no quiere decir que no sean de las más bonitas y divertidas.
Para que todo lo que diga aquí tenga sentido, hago la aclaración que no soy la mejor recordando, quizá lo que diga aquí no concuerde para las personas que estuvieron en los recuerdos, pero es que tengo la mala costumbre de llenar los espacios vacíos de estos con cosas que creo que pasaron.
Siguiendo, recuerdo que siempre estaba probando la comida hecha por mi tía, escuchando los chismes del barrio, viendo a los niños jugar en la cuadra... Pero lo que me duele más mientras escribo esto, es que hay muchos espacios donde no tengo la figura de él, de Papitavo y eso me pesa mucho.
Como dije arriba, hace un año estaba frente a la puerta de la fábrica donde trabajaba mi mamá para decirle que la muerte había tocado sin previo aviso a nuestra vida, que Papitavo nos había dejado de este plano terrenal y que la huesuda como siempre sin invitación había llegado a dejarnos muchas lágrimas.
Siempre me ha gustado la calidad de energía que me dejan las personas que en realidad me quieren. No recuerdo mucho de él como me gustaría, pero gracias al universo todavía recuerdo su mirada de amor hacia a mí, esa que muchas veces me faltó de mi padre; también recuerdo lo atento que fue con nosotras y lo feliz que estaba porque al fin después de mucho tiempo, el porche de su casa estaba lleno y completo con sus hijas y nietos.
Siempre trato de tener un buen y claro recuerdo cuando me despido de las personas, pero de las cosas que más me pesan en la vida, es que la imagen de esa vez en la parada del bus cuando veníamos de regreso, es algo borrosa. Siempre lo querré y pensaré que nos faltó tiempo por convivir y que quizá soy una mala nieta por no poder tener un recuerdo claro de él, pero trato de reconfortarme con la idea de que con lo que sé es más que suficiente para recordar al viejo Tavo.
Así que plis, si lograste llegar hasta aquí a pesar de lo extenso que fue este capítulo, te recomiendo desde la experiencia de alguien que le faltó tiempo, que siempre des ese abrazo y pasa tiempo de calidad con tus seres queridos, nunca será suficiente para cuando ya no estén.
Hasta aquí, tu escritora fav💗.
XOXO
En memoria del gran cascarrabias y gran abuelo que fue Osman Gustavo Santrich Zarate.

💖
ResponderEliminar🥰
ResponderEliminarNunca es suficiente tiempo 💖
ResponderEliminarLastimosamente así es🥺
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